La solidaridad es una condición humana muy positiva y necesaria.. En las grandes catástrofes y desastres juega un papel imprescindible en la ayuda a los afectados, tanto a nivel de salud, atención humanitaria de todo tipo y ayuda económica para el restablecimiento de las funciones necesarias que devuelvan la normalidad en la medida de lo posible. Otras veces se trata de colaborar en la mejora de las condiciones de vida de los países más desfavorecidos con acciones múltiples y variadas.
Cuando nos solicitan ayuda ante una situación de necesidad nos sentimos solidarios. A veces, con unas pocas monedas, nos quedamos con la conciencia tranquila, ya hemos cumplido y nos sentimos partícipes de esa buena obra. Pero hay que darse cuenta de que nuestra solidaridad no sólo es necesaria en causas lejanas. En nuestro entorno cercano también hay mucha gente necesitada, no tanto de la aportación económica, sino de una palabra amable, de ser escuchada, de un poco de nuestro tiempo para hacerle compañía, esa llamada de teléfono que nunca tenemos tiempo de hacer a alguien que la espera, la ayuda que se puede prestar de mil maneras a quienes pasan por malos momentos y que puede ser un alivio a sus problemas y, sobre todo, hacer que se sientan apoyados, que sepan que nos interesan, que no están solos. Esta me parece una solidaridad a practicar cada día, la de nuestro entorno cercano, y hay mucho campo para hacerlo si nos paramos a observar, sin olvidar, por supuesto las causas lejanas, que las hay, muchas y grandes. El problema es que, la ayuda económica en la medida que podamos, nos saca del apuro y dormimos tranquilos, pero cuando se trata de dedicar nuestro tiempo o nuestra atención se nos hace mucho más cuesta arriba y, a veces, miramos hacia otro lado.
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