Hace unos días me contaba una amiga lo sorprendente que le pareció a un visitante el hecho de que en Galicia se utilice tanto la piedra y no sólo en los edificios, sino que en cualquier pueblo pequeño hay obras de pavimentación de sus calles con este material. Alguien contestó diciendo que, efectivamente era así, que aquí las casas tradicionales, así como dependencias varias, eran de piedra y añadió, en tono jocoso, respecto a la pavimentación de la calles, que últimamente algún dirigente del gobierno debe de tener algún pariente que vende adoquines y cantos rodados, ya que se están utilizando masivamente.
El adoquín queda bonito, aunque no es muy cómodo al pisar, pero lo de los cantos rodados no tiene nombre. Es imposible andar sobre ellos, tienes que ir haciendo equilibrios, corres el riesgo de una torcedura, de tropezar, tus pobres pies se quejan doloridos y, si llevas tacones ya ni te cuento. Al final, si hay un sendero de piedra lisa, vamos todos en fila india y el resto de la calle, de varios metros de ancho, está vacío.
Si preguntas cual es el motivo de la colocación de ese pavimento te cuentan que durante el siglo XIX había muchas calles así y hay que recuperar lo antiguo. Esas calles ya tuvieron, después de los cantos rodados originales, piedras lisas, seguramente buscando más comodidad, y ahora, de nuevo, se levantan las piedras pulidas por el uso y, vuelta atrás, otra vez los cantos rodados y los pies a sufrir. El colmo ya es cuando la calle es peatonal, porque, si los coches no pueden pasar, entonces es que está hecho exclusivamente para martirizar a los paseantes y peatones en general.
En aquella época, que ahora algunos quieren recrear en el pavimento, no había electricidad, ni automóviles, ni aparatos que hoy ayudan a una vida mucho más confortable, ¿Por qué, si aprovechamos las ventajas de esas comodidades, no podemos también pasear cómodamente? Un pavimento que hace dos siglos era usual por el sistema de vida existente, no tenemos que sufrirlo hoy cuando todo es totalmente distinto. Menos mal que aún a nadie se le ocurrió empezar a utilizar los cantos o los adoquines para la construcción de bancos públicos. No quiero dar ideas...